viernes, 24 de abril de 2015

Una cápsula del tiempo.

Más o menos, esto, es eso: Una cápsula en el tiempo. Mil cosas pueden pasar de aquí al año 2050. Puede que yo no exista. Puede que este blog se haya perdido para siempre. Espero que no. No se me había ocurrido. Creo que tendemos a pensar que todo va a perdurar, aún sabiendo que eso es imposible. Científicamente. Aunque claro, individualmente no se puede demostrar de una forma empírica. De esta idea, hace mucho tiempo que saque la conclusión de que yo, soy inmortal. Pero no sólo yo, sino cualquiera. Todos lo somos, independientemente de nuestro credo o de la ausencia del mismo. Lo sé porque no es demostrable que yo haya muerto, todavía, y aún sé más, nadie podrá demostrarme a mí, que haya muerto. Si  alguien me lo demostrara,  eso significaría que seguiría vivo. Si ya, por los demás seres vivos. La gran herramienta del aprendizaje, la generalización. Eso me recuerda que tengo que regar mis plantas. Ahora vuelvo.

Este es el blog que siempre quise hacer y nunca me atreví. Bueno, en realidad, siempre lo dejé para más adelante. En mi auto-diagnosticada dispersión mental, debo advertir, para el incauto navegante al que la tormenta de bits haga naufragar en esta pequeña isla, que no se va a encontrar ideas muy originales. Ni tan siquiera va a poder enterarse de aquellas cosas que no sabía de su serie preferidas. Tan sólo mis opiniones. Pero me va a encontrar a mí. Le guste o no, yo voy a estar en estas páginas, en este cuaderno de bitácora que espero leer cuando me llegue la jubilación.

No poseo ningún talento especial. Procuro ser lo menos ególatra que me permite mi orgullo. Pero no piensen que me desnudaré. Me quedaré con el sombrero puesto. Aún sabiendo que me dirijo, básicamente a mí, en una versión mejorada del futuro, o eso espero, me dirijo en segunda persona del plural. Es comodidad. Pero no creo que tenga dos lectores simultáneamente. Con que no me aburra yo leyendo esto dentro de unos años, me conformo. Eso sí, de lo que estoy seguro es que me dará vergüenza. Pero que se le va a hacer.

Hace mucho tiempo, pensé en escribir un nuevo blog llamado "eblogatría" Se trataba de una especie de índice de todos los blogs que suelo abandonar. Pobres hijos míos. Qué mal padre. Bueno, pues este blog será algo así, además de otras cosas. Tiendo a la dispersión. No sé si lo había comentado antes.

No soy escritor, no soy periodista, ni tan siquiera estoy seguro de mi inteligencia. Algo me empuja a dar opiniones, y por lo que sé o me enseñaron, o me dejaron de enseñar, el necio suele ser el primero en opinar sin tener ni idea. Ese soy yo. Alguien tan vulgar, que se ha encomendado al santo patrón de los mediocres: Antonio Salieri (Ver la estupenda película Amadeus, de Milos Forman) Por cierto, ya me gustaría a mí ser un músico tan bueno como Salieri. El amado por Dios, ya es otro nivel. Estoy seguro de que hablaré a lo largo de mi vida y muchas veces de Wolfgang.

El título del blog. Yo en 2050. Me ha inspirado un libro que he adquirido hace pronto en el quiosco de prensa. El mundo en 2050. Un sesudo análisis del devenir de la humanidad ¿A quién le importa el mundo si no estamos los humanos en él? Recuerdo la canción que cantaba John Lennon, de uno de los discos que sacó con su grupo, The Beatles, si no los han escuchado nunca es que realmente existen los extraterrestres. La canción se titula When I´m sixty four. En el 2050 yo tendría más. Soy exageradamente optimista. John no llegó, cuanto lo lamento.

Apenas sé juntar letras. Mi dispersión, si otra vez, me hace evitar la coherencia en mis textos. Los pensamientos fluyen. Sé que no son excusas, por eso pido perdón. Y misericordia, si es posible. Si como tengo pensado, este blog termina siendo un confesionario íntimo, va a ser un batiburrillo que no va a entender nadie. Así pues, sigo pidiendo perdón por la ortografía, la redacción, la sintaxis, la gula, la ira y la soberbia. Me falta uno. ¡Ah, sí! La vanidad. Feliz vanidad a todos.

Y ahora, con auténtica humildad, sabiendo que no soy menos que nadie, pero es que nadie es más que yo, y eso lo puedo demostrar gracias a mi composición atómica. Ya saben, polvo somos y  esas cosas. Como iba diciendo, con humildad, suplico la benevolencia del lector. Y comienzo ya, que tengo muchas ganas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario