jueves, 24 de noviembre de 2016

Amor en Isla Zeta.

He comenzado a leer un libro, por recomendación de los Todopoderosos: Guerra Mundial Z, y la verdad, yo no era mucho del género de los zombies. Pero entre la serie Walking Dead y este libro, estoy empezando a cambiar de opinión. Mientras sigo disfrutando del libro, me he acordado de este micro-relato que presenté hace mucho, y que me servía como prólogo de uno más extenso que llamé Isla Zeta. Lo iba a incluir en mi próximo libro (Jesús, que pomposo y repelente me queda eso) pero lo voy a dejar aquí, tal como era. 

¿Y qué si a esta luna menguante la faltan pedazos, recordándome al ausencia de carne en algunas zonas de tu rostro? Igual que nuestro barco con la madera carcomida, dejando el esqueleto de sus estructuras al aire. Entre las olas, aquellos peces voraces que me devoraron el brazo. Ahora solo puedo abrazarte con el izquierdo. Se me ha fundido la boca como si fuera de cera. Recuerdo llegar a la orilla, tu vida, morir de hambre y entonces llegaron ellos. Me vi, arrastrado por las piernas mientras contemplaba parte de tu rostro entre sus fauces y de pronto, dejaron de mordernos. Ya casi éramos iguales a ellos. Iguales a nosotros. Pero yo conservo parte de la memoria, una memoria masticada, de un ser humano. Aunque la tengo acorralada solo la mantiene un detalle: Tú. Pero ahora eres como uno de ellos y sólo estás interesada en devorar mis entrañas. 

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