jueves, 19 de enero de 2017

Las cosas del Pantano, se quedan en el Pantano.

De Alan Moore. Podía dejarlo aquí. Todo lo que escriba de más, será superfluo. Pero aún insisto en mis comentarios. E igual alguien hasta lo lee. Si has llegado hasta aquí, puedes hacerme caso. Agarra La Cosa del Pantano antes de que te agarre a ti.

Para quien conozca a Alan Moore, no necesita ninguna introducción previa. Es el genio de Northampton y con eso basta. Para quién no lo conozca, ninguna introducción podría describirlo. Así que con eso habrá que conformarse.

Alan, perdón, la Cosa del Pantano, the swamp Thing, si nos ponemos repelentes, asustando a los mosquitos. Este cómic, es en realidad un viaje (Onírico, por supuesto) no hacia los cenagales siniestros de materia infusa, sino a la propia capital del existencialismo, o quizás, con su disfraz de aventuras monstruosas, se esconde la figura de una criatura metafísica. En sus páginas, encontraréis, terror, misterio, ecologismo, amor, humor. Muy completa la cosa. Y un ser, que ha tardado mucho tiempo en existir. Sin duda existe. En el pantano del alma de todos los seres humanos.

En realidad, ahora que lo pienso, probablemente Moore, no sea Alan Moore, sino un monstruo de la naturaleza que se cree Alan Moore. Nuestro bardo, sea quien sea, se dedica a plasmar pura poesía en los relatos, narrando a su gusto, con el beneplácito que daba el saber, que tenía vía libre para rescatar a Alec Holland, del pantano de las malas ventas que sufría la serie cuando la cogió. Y es un ejemplo más de como la calidad no tiene porque estar reñida con la popularidad y por supuesto con lo comercial. Es la bata manta perfecta.

Leyendo "La Cosa del Pantano" se me ha quitado las ganas de comerme un sandwich vegetal. Y es que si bien es cierto, que Alan, se encuentra muy a gusto con la hierba, también lo es, su capacidad chamánica de envolverte con sus historias y no saber muy bien, si estás leyendo, o estás teniendo una ensoñación de esas que entran al mediodía en Julio, delante del Tour de Francia. Las tramas son propicias, para sus reflexiones, ya hemos comentado que amalgaman la poesía, con la filosofía, la ecología, la gastronomía, las onomatopeyas floridas y hermosas, y los diálogos del autor con el subconsciente de los lectores. Sí, la obra es una epopeya tal, que no se queda sólo en el rato divertido, sino que trasciende más allá, pero ante todo, entretiene y alimenta. Vale para los perezosos que no les apetece leer a Kierkergaard entre los que no sé si orgullosamente me encuentro, y los intelectuales genialoides ( O eran los genios intelectualoides, nunca me aclaro, tiene que haber un termino en inglés, igual que los hipster, los hater, los skater  y las lakers)

La verdad es que hablar de una planta que se cree humano, porque un humano ha muerto en un accidente mientras investigaba la planta, es un argumento que solo podría atraer a los botánicos adictos a los cómics. Si hablamos de una mujer, joven, con el pelo blanco, llamada Abigail, y que sale Superman (arrgggg Spoiler... pero si me lo hubieran hecho a mí, quizás me hubiera perdido esta obra de arte. Glup, debería estar enfadado con Alan, me hace muy pedante.

Leyendo La Cosa del Pantano, además, ha habido momentos en los que me parecía estar leyendo relatos góticos de terror victoriano. Un poco de Dickens, de Poe, etc... Por supuesto, hay un par de capítulos que son un viaje por los infiernos, al más puro estilo de Dante Alighieri, quizás ese relato le fue inspirado a Alan Moore por una mala seta, o ese día le agarró de la mano el mono que se alimentaba de miedo. ¿Quién sabe?

swampis despedidas.

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